26 julio, 2025

Por David Dorantes
Vivo para ser feliz
Hace poco, mientras me sumergía en el Capítulo 5 de Ontología del Lenguaje de Rafael Echeverría, hubo una frase que me sacudió por dentro:
“Los seres humanos no sólo usamos el lenguaje: somos lenguaje.”
Ahí me detuve.
Cerré el libro. Respiré hondo.
Y me vino una certeza: soy un hombre que se narra.
No, no hablo solo de las palabras que lanzo al aire cuando hablo frente a un público, o en los procesos de coaching que acompaño. Me refiero a las palabras que me digo cuando nadie me escucha. A esa voz interna que me anima o me sabotea, que me empuja o me detiene.
Porque sí: nuestras palabras no solo reflejan lo que pensamos… crean lo que somos capaces de hacer.
Durante años creí —como muchos— que el lenguaje servía para describir la realidad. Pero Echeverría me recuerda algo fundamental: el lenguaje es generativo.
Es decir, cada vez que hablamos, no solo comentamos lo que vemos: damos forma al mundo en que habitamos.
Una conversación puede abrir un nuevo futuro.
Un “sí” puede transformar una vida.
Un “no puedo” puede encerrar a alguien por años.
Por eso, como coach y como comunicador, empecé a preguntarme más en serio:
¿Qué tipo de lenguaje estoy habitando?
¿Qué mundo estoy construyendo con mis palabras?
¿Estoy abriendo caminos o cerrando puertas con mi forma de hablar?
Una de las grandes joyas del capítulo es la idea de que las declaraciones son actos generativos. Cuando digo “Te perdono” o “Me comprometo”, no estoy dando una opinión… estoy creando una realidad distinta. Estoy abriendo un espacio nuevo de posibilidades.
Y eso, como coach, lo veo cada vez que acompaño a alguien a declarar algo que lo libere:
—“Renuncio al miedo”.
—“Elijo confiar en mí”.
—“Me permito empezar de nuevo”.
No son frases bonitas. Son actos de poder.
A raíz de esta lectura y de lo que he vivido en mis procesos, aquí te dejo algunas recomendaciones prácticas que te pueden ayudar a llevar esta mirada ontológica a tu día a día:
Escúchate.
¿Cómo te hablas cuando te equivocas?
¿Cómo te describes ante otros?
¿Eres compasivo contigo o tu lenguaje es un juez implacable?
Haz el ejercicio de escribir por una semana tus frases más comunes. Te vas a sorprender.
Muchas veces vivimos atrapados en historias que nos contamos desde hace años:
“No soy bueno para hablar en público.”
“Siempre fracaso en mis relaciones.”
“Yo soy así.”
¿Y si eso no fuera cierto?
¿Y si esa historia fuera solo una interpretación más?
Cambiar la narrativa es cambiar el mapa. Y eso cambia el destino.
Atrévete a hacer declaraciones que generen movimiento.
Di en voz alta:
—“A partir de hoy, me abro a nuevas posibilidades.”
—“Elijo vivir desde la confianza.”
—“Doy por terminado este capítulo con gratitud.”
Verás cómo el cuerpo responde. Verás cómo la vida escucha.
Nuestras palabras pueden ser refugio o castigo.
Puedes abrir futuros con una conversación o sembrar heridas con un comentario.
Hazte la pregunta:
—¿Qué está produciendo lo que estoy diciendo en el otro?
Si lideras equipos, proyectos o ideas (o simplemente tu propia vida), recuerda:
La calidad de tus resultados está directamente relacionada con la calidad de tus conversaciones.
Aprende a escuchar los estados de ánimo en lo que se dice y en lo que se calla.
Afina tu escucha.
Afina tu decir.
A mí, este capítulo me reafirmó en algo que vengo aprendiendo desde hace tiempo:
el lenguaje no solo comunica. El lenguaje crea.
Y si el lenguaje crea… entonces podemos recrearnos todos los días.
Hoy te invito a narrarte distinto.
A tomar conciencia del poder que tienes cuando hablas… y cuando decides callar para escuchar.
Porque ahí, justo ahí, comienza la transformación.
Todos los días se construye el éxito… y el error también.
—David Dorantes
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Conferencista, coach y consultor en comunicación.
Tiene Premio Nacional de Periodismo, Premio Trayectoria en Comunicación por el Senado de México, es Becario del Departamento de Estado en Estados Unidos.