Apuntes

Es seguro, sí sigue el T-MEC… hasta 2032

Por David Dorantes

 

Hay momentos en que la política grita, pero la economía susurra la verdad. La visita de Jamieson Greer a Palacio Nacional, su encuentro con Marcelo Ebrard y la activación de mesas técnicas sobre aranceles, reglas de origen, minerales críticos y comercio bilateral nos dicen algo más importante que cualquier frase altisonante de campaña: nadie serio, ni en México ni en Estados Unidos, está trabajando para dinamitar el T-MEC. Al contrario, lo que vemos es una negociación dura, sí, pero también una admisión práctica de interdependencia. Y eso importa, porque cuando una relación comercial mueve 872.8 mil millones de dólares en bienes en un solo año, romperla no es valentía política; es una torpeza económica de escala continental.

 

Contexto y antecedentes de la revisión del T-MEC

 

Conviene bajar la espuma y subir la precisión. El T-MEC entró en vigor el 1 de julio de 2020 y el propio texto del acuerdo obliga a una revisión conjunta en su sexto aniversario, es decir, el 1 de julio de 2026. Esa revisión no equivale a una terminación automática. El artículo 34.7 establece dos caminos: si los tres gobiernos confirman por escrito que quieren extenderlo, el tratado se prolonga por 16 años más, hasta 2042, y la siguiente revisión sería en 2032; si no hay confirmación unánime, el acuerdo sigue vivo hasta su término natural en 2036, pero con revisiones anuales que convertirían la relación en una sala permanente de sobresaltos. Ése es el corazón real del debate, no el melodrama.

 

Lo que ocurre esta semana en Ciudad de México tampoco nació de la nada. En marzo, Greer y Ebrard arrancaron en Washington conversaciones técnicas para preparar la revisión; este 20 de abril ambos gobiernos confirmaron que seguirán discutiendo seguridad económica, reglas de origen para bienes industriales, minerales críticos y los “irritantes” bilaterales pendientes. Además, acordaron que la primera ronda bilateral formal de negociación se celebrará la semana del 25 de mayo en la capital mexicana. Es decir: esto ya no es rumor, ya es calendario. Y cuando la diplomacia pone fecha, es porque la economía ya puso presión.

 

Hallazgos de datos: México llega mejor parado, pero no blindado

 

Hay un dato duro que no deberíamos minimizar: en 2025, el comercio de bienes entre Estados Unidos y México sumó 872.8 mil millones de dólares; las exportaciones estadounidenses a México fueron de 338 mil millones, y las importaciones desde México alcanzaron 534.9 mil millones. No estamos hablando de una relación marginal ni ornamental. Estamos hablando del sistema circulatorio manufacturero de América del Norte. Por eso Sheinbaum ha buscado un entendimiento temprano en acero, aluminio y sector automotriz antes de entrar de lleno a la revisión; porque esos sectores no sólo son simbólicos, son estructurales.

 

También desde la política interna de Estados Unidos hay señales menos hostiles de las que a veces se venden. Una encuesta de la U.S.-Mexico Foundation con Echelon Insights muestra que México tiene entre los votantes estadounidenses una imagen neta favorable de +6; además, la percepción de México como “buen vecino” arroja un saldo neto de +13 en el total y de +17 entre independientes, un segmento electoral decisivo rumbo a las intermedias. Más aún: la idea de que México “envía migrantes que compiten injustamente con los trabajadores estadounidenses” cayó de forma importante respecto de un año atrás, y 61% de los encuestados cree que los aranceles a bienes mexicanos elevarían su costo de vida. La lección es sencilla: el humor público en Estados Unidos no es hoy el mismo campo fértil para una guerra comercial que hace un año.

 

Lo que realmente está en juego el 1 de julio de 2026 

 

Fuente: texto del Artículo 34.7 del T-MEC.

 

Perspectiva: el tratado no se cae, pero la certeza jurídica sí puede lastimarlo

 

Aquí es donde entra la parte incómoda. Yo no veo hoy un escenario serio de ruptura abrupta del T-MEC. Lo que sí veo es un riesgo de desgaste silencioso: un tratado que se mantiene en papel, mientras la inversión se frena por desconfianza en el entorno institucional. Porque una cosa es que el acuerdo siga, y otra muy distinta que llegue capital fresco a un país donde el inversionista no sabe con certeza cómo se aplicarán las reglas, quién lo defenderá en un litigio y qué tan independiente será el árbitro. La revisión comercial no ocurre en el vacío; ocurre sobre el piso completo del Estado de derecho.

 

Por eso no es menor que, en Washington, Michael Kozak haya vuelto a colocar el tema judicial sobre la mesa al advertir la necesidad de jueces independientes y calificados para no usar la justicia contra inversionistas. Nos puede gustar o no el tono de Washington, pero ignorar la señal sería un error estratégico. México no necesita entrar a esta revisión sólo con buenos argumentos comerciales; necesita llegar con credibilidad institucional. Porque el nearshoring no aterriza con discursos, aterriza con confianza. Y la confianza, para bien o para mal, también se firma en tribunales.

 

Implicaciones y recomendaciones para México

 

Mi lectura es clara: México llega a esta revisión en una posición mejor de la que muchos suponían al arranque del año. Hay interés bipartidista en Estados Unidos por preservar el acuerdo, sobre todo en agricultura; un grupo de senadores encabezado por Steve Daines y Amy Klobuchar recordó a la USTR que el T-MEC ha sido valioso para productores y cadenas agroalimentarias estadounidenses. Eso no es romanticismo bilateral; es defensa de intereses. Y justamente por eso debemos entender la oportunidad: cuando del otro lado también hay actores defendiendo la continuidad, la tarea mexicana es convertir esa coincidencia en agenda concreta.

 

¿Qué debe hacer México? Primero, negociar desde los sectores donde tiene mayor exposición y mayor fuerza: automotriz, acero, aluminio, agro y manufactura avanzada. Segundo, usar el llamado Plan México y la sustitución inteligente de importaciones no como consigna cerrada, sino como una propuesta regional de integración productiva. Tercero, ofrecer certeza jurídica verificable, no retórica. Y cuarto, vender mejor la idea de que América del Norte compite mejor integrada frente a Asia de lo que competiría fragmentada por desconfianza. El error sería llegar a la revisión creyendo que basta con sobrevivir. No: hay que llegar a reposicionarnos. Ahí está el verdadero negocio.

 

Señales políticas que favorecen una revisión menos tóxica 

Fuentes: USTR y U.S.-Mexico Foundation/Echelon Insights.

 

Conclusión

 

Así que sí: el T-MEC sigue. No hay precipicio el 1 de julio. Pero no confundamos continuidad con tranquilidad. El escenario ideal es que la revisión abra la puerta a una extensión hasta 2042 y nos dé una estación de certidumbre rumbo a 2032. El escenario mediocre, en cambio, sería sobrevivir sin renovar del todo y pasar diez años atrapados en revisiones anuales, sospechas regulatorias y capital a la espera. México hoy tiene una ventana. Que la aproveche dependerá menos del discurso nacionalista y más de su capacidad para ofrecer confianza, competitividad y reglas claras. Ahí está la prueba de fuego. Y ahí, también, la oportunidad. Cierro recordándoles que todos los días se construye el éxito, y el error también. Soy David Dorantes, conferencista, coach, y consultor en comunicación, nos leemos en los siguientes Apuntes.

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David Dorantes, economía, Política, TMEC

David Dorantes

Conferencista, coach y consultor en comunicación.

Tiene Premio Nacional de Periodismo, Premio Trayectoria en Comunicación por el Senado de México, es Becario del Departamento de Estado en Estados Unidos.

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