Andares

Mis Andares por el monorriel: Monterrey visto desde arriba

Subirse al nuevo monorriel de Metrorrey fue mirar Monterrey desde otra altura: 24 kilómetros de prueba, tecnología automática y una promesa de movilidad que empieza a tomar forma.
 

Por David Dorantes
Fotos por Saúl Mejía

 

Hay ciudades que uno camina, ciudades que uno maneja y ciudades que, de pronto, uno empieza a mirar desde arriba. En mis Andares, esta vez me tocó vivir una escena que parecía futurista, pero ya estaba ocurriendo: el recorrido de prueba más largo que se ha realizado del nuevo monorriel de Monterrey. Salimos de la Estación Churubusco rumbo a la Estación Torre Administrativa. Fueron 12 kilómetros de ida y otros 12 de regreso. En total, 24 kilómetros de una prueba que no solo movió un tren; también movió una expectativa enorme en una ciudad que lleva años pidiendo una movilidad más humana, más rápida y más digna.

 

Un tren largo para una ciudad que ya no cabe

 

El monorriel impone desde su tamaño: 76 metros de longitud, seis segmentos y capacidad para 720 pasajeros. No es menor. En una zona metropolitana donde el tráfico nos ha robado horas, paciencia y calidad de vida, pensar en un tren elevado de estas dimensiones permite imaginar otra rutina: menos volante, menos estrés, más tiempo para vivir.

 

La velocidad punta del sistema será de 80 kilómetros por hora, aunque este recorrido se realizó a 22 kilómetros por hora, como corresponde a una prueba técnica.

Abraham Vargas, director general de Metrorrey, lo explicó con claridad: “Son pruebas que van a garantizar la seguridad de todos los usuarios; las hicimos junto con el gobernador Samuel García para garantizar a todo el mundo que son seguras. Hoy hicimos 24 kilómetros, a una velocidad de 22 kilómetros por hora”.

 

 

El silencio también es movilidad

 

Una de las cosas que más me llamó la atención fue entender que cada tren tiene 92 neumáticos. No corre sobre vía férrea tradicional: utiliza rodadura neumática. Eso significa menos ruido, menos vibración y una experiencia más amable para quienes viajan y también para quienes viven o trabajan cerca del viaducto.

 

A veces hablamos de movilidad solo como velocidad, pero la movilidad también es silencio, comodidad, confianza. Un transporte público moderno no solo debe llegar; debe llegar sin agredir la vida urbana. Por eso la reducción de contaminación acústica es un dato técnico, sí, pero también es una forma de respeto a la ciudad.

 

El tren, además, es eléctrico. Se alimenta mediante un patín que hace contacto con un riel de potencia colocado al exterior del viaducto. Es decir, mientras el usuario verá paisaje, clima, pantallas digitales y Wi-Fi, por debajo operará una ingeniería que debe ser precisa, constante y segura.

 

Mirar Fundidora desde otra emoción

 

El diseño panorámico cambia la experiencia. Al no existir barreras visuales en el viaducto, el recorrido permite mirar Monterrey de otra manera: sus cerros, el Parque Fundidora, el río, sus avenidas, sus contrastes. Desde arriba, la ciudad se siente más amplia, pero también más vulnerable. Nos recuerda lo que hemos construido y lo que todavía nos falta resolver.

 

El gobernador Samuel García lo dijo desde esa emoción: “Es una imagen preciosa.

Desde el río, ver nuestra ciudad, nuestros cerros, nuestro Parque Fundidora. Todos los que hicimos el recorrido nos damos contentos. Es un sueño hecho realidad”.

 

Y sí, hay algo poderoso en esa imagen. Porque una ciudad también se transforma cuando cambia la forma en que sus habitantes la miran. No es lo mismo padecer Monterrey desde un embotellamiento que contemplarla desde un tren que promete conectar mejor sus puntos clave.

 

Confianza, pruebas y el derecho a exigir

 

Hernán Villarreal, titular de la Secretaría de Movilidad y Planeación Urbana de Nuevo León, fue honesto al hablar de la incertidumbre natural ante una tecnología nueva. “Eran de acuerdo a lo previsto.

 

 

Pero siempre hay mucha incertidumbre porque es una tecnología nueva. Claro, con toda la experiencia que tienen los constructores e ingenieros, tenemos mucha confianza”.

 

Esa frase me parece importante porque no debemos convertir la emoción en cheque en blanco. La ciudadanía tiene derecho a entusiasmarse, pero también a exigir pruebas, seguridad, mantenimiento, transparencia y cumplimiento. En una obra así, la confianza se gana kilómetro por kilómetro.

 

Este monorriel será de conducción automática grado 4, el nivel más avanzado disponible. Tendrá sistema digital de información al pasajero, climatización y conexión Wi-Fi. Todo eso suena muy bien, pero lo verdaderamente importante será que funcione todos los días, con usuarios reales, en horarios reales, con necesidades reales.

 

 

A Romperla, pero con responsabilidad

 

Las líneas 4 y 6 de Metrorrey tienen frente a sí una oportunidad histórica: ayudar a que Monterrey deje de moverse solo por resignación y empiece a moverse con visión. Este recorrido de 24 kilómetros no fue una inauguración, pero sí fue una señal contundente de avance.

 

Mis Andares me han enseñado que las grandes ciudades no se construyen solo con concreto, acero o tecnología. Se construyen con confianza. Y la confianza se construye haciendo bien las cosas, probándolas, corrigiéndolas y explicándolas.

 

Hoy me quedo con una imagen: Monterrey desde arriba, Fundidora al fondo y un tren avanzando despacio, pero avanzando. Vivo para ser feliz, sí; pero también para ver ciudades que se atreven a cambiar. A Romperla.

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David Dorantes, México, Monorriel, Monterrey, Movilidad, Vialidades

David Dorantes

Conferencista, coach y consultor en comunicación.

Tiene Premio Nacional de Periodismo, Premio Trayectoria en Comunicación por el Senado de México, es Becario del Departamento de Estado en Estados Unidos.

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