4 abril, 2025
Por David Dorantes
SAN PEDRO GARZA GARCÍA, Nuevo León.- Se los advertí en este mismo espacio desde febrero de 2024, cuando escribí:
Mucho se habla del nearshoring en México, pero deberían encenderse las alertas… ¿Qué significa que en el Foro Económico de Davos no se hablara sobre el nearshoring? Muy sencillo: que la dirección de los inversionistas cambió hacia fenómenos como el reshoring o el de-risking.”
Hoy es un hecho: el regreso de Donald Trump al poder como presidente de Estados Unidos, junto con el endurecimiento del gobernador texano Greg Abbott, complicará profundamente la relación bilateral comercial entre México y su principal socio económico. Por un lado, Abbott ya anunció que endurecerá los cruces fronterizos, retrasando deliberadamente el flujo de camiones con y sin carga. Y por el otro, Trump —fortalecido políticamente— reubicará industrias dentro del territorio estadounidense, bajo su conocida narrativa nacionalista: Make America Great Again.
Este fenómeno, conocido como reshoring, forma parte del ciclo histórico que Ray Dalio, en su obra Principios para enfrentarse al nuevo orden mundial, llama “el gran ciclo”. Según Dalio, los imperios atraviesan tres fases: ascenso, cima y declive. Y cada vez que entran en crisis, hacen lo mismo: imprimen dinero, se polarizan socialmente y traen de vuelta sus industrias estratégicas, mientras se aíslan de socios externos. Suena familiar, ¿no?
Porque Estados Unidos está en fase de declive, según los signos vitales que describe Dalio:
Alta deuda nacional (superior al 120% del PIB).
Polarización política interna sin precedentes.
Conflictos económicos y tecnológicos con China.
Disminución de competitividad frente a países emergentes.
Ante eso, la respuesta de Trump es cerrar filas: traer las fábricas de vuelta, incentivar el empleo doméstico y proteger la soberanía económica. Y en ese plan, México ya no es el socio privilegiado, sino una pieza en revisión.
Empresas como General Motors, Caterpillar, Whirlpool, Intel y otras del sector automotriz, electrónico y maquinaria pesada —que antes veían a México como la extensión natural de su cadena de valor—, podrían recibir incentivos para instalarse en Texas, Indiana, Kentucky o Arizona. El mensaje es claro: si quieres vender en EE.UU., produce en EE.UU.
Y Greg Abbott ejecutará en frontera el brazo operativo de esa estrategia: ralentizar el tránsito comercial, revisar tráiler por tráiler y convertir la frontera en cuello de botella.
Como también escribí en febrero:
Sí realmente México quiere reaccionar a tiempo, deberá incrementar drásticamente la promoción internacional para atraer empresas tractoras de alto impacto en el desarrollo económico de la región.”
Hasta ahora, el nearshoring en México ha sido más una expectativa que una realidad. Aunque se anunciaron 218 promesas de inversión por más de 54 mil millones de dólares entre enero de 2023 y enero de 2024, casos como el de Tesla en Santa Catarina siguen en pausa. El anuncio fue rimbombante, pero aún no hay ni un dólar invertido.
Y mientras México celebra promesas, Estados Unidos ya prepara su reconfiguración industrial interna.
Como lo plantea Ray Dalio, los imperios se endeudan, enfrentan conflictos internos, reconfiguran su orden interno y redibujan el tablero geopolítico. Y en esa transición, los tratados comerciales —como el T-MEC— serán usados por Trump como herramientas para extraer más beneficios para EE.UU., incluso si eso implica tensiones con México o Canadá.
El comercio internacional se volverá más difícil, más regulado y menos fluido. México deberá estar listo para un entorno donde:
Se apliquen mayores regulaciones a productos con contenido chino.
Se multipliquen las inspecciones fronterizas.
Se intensifiquen las deportaciones y se use la migración como ficha de negociación.
Se privilegie el negocio por encima de la buena vecindad.
Frente a este nuevo orden global, la presidenta Claudia Sheinbaum tiene la tarea monumental de trazar una narrativa de unidad nacional basada en realismo económico. Su estilo sobrio, técnico y conciliador será puesto a prueba por un Trump agresivo, impredecible y en modo campaña permanente.
Pero hay una oportunidad para México: si Sheinbaum logra fortalecer internamente la infraestructura, simplificar regulaciones, diversificar exportaciones y acelerar la transición energética, puede posicionar al país como un socio estratégico, no solo como taller de ensamble.
Los indicadores actuales le dan margen:
Inflación controlada en 4.4% anual.
Tipo de cambio estable bajo los $18 por dólar.
Tasa de desempleo en niveles bajos (2.8%).
Y un potencial de crecimiento vía energía limpia y electromovilidad.
Sheinbaum debe trazar un discurso de unidad económica frente al entorno externo adverso, apuntalando sectores con alto valor agregado y autonomía estratégica.
Porque, como siempre lo digo en este espacio:
Todos los días se construye el éxito… y el fracaso también.
Hasta aquí mis Apuntes sobre Negocios. Soy David Dorantes, conferencista, coach y consultor en comunicación. Nos leemos en la próxima entrega.
Conferencista, coach y consultor en comunicación.
Tiene Premio Nacional de Periodismo, Premio Trayectoria en Comunicación por el Senado de México, es Becario del Departamento de Estado en Estados Unidos.