Un descubrimiento frente al mar
Caminaba por el malecón de La Paz mientras el atardecer comenzaba a teñir el cielo. El mar permanecía tranquilo y la ciudad parecía hacerle honor a su nombre: no había prisa, solamente la brisa, el sonido del agua y esa serenidad que convierte una caminata en un momento para observar.
Fue entonces cuando me encontré con una placa.
No parecía, a simple vista, un monumento capaz de detener el tiempo. Sin embargo, bastó leerla para descubrir una historia que yo desconocía y que cambió por completo el significado de aquella caminata.
La placa conmemoraba la visita de la reina Isabel II a La Paz, Baja California Sur, en febrero de 1983.

La perla que salió del Mar de Cortés
La historia local cuenta que, un siglo antes de aquella visita, dos buzos encontraron cerca de la isla Espíritu Santo una perla extraordinaria. Sus nombres eran Antonio Cervera y Juan Vacaseque Calderón, y el hallazgo habría ocurrido en 1883.
Por su tamaño y apariencia, la joya sería conocida como La Gran Perla de México, Carmenaida o The Great Lemon. Con el paso del tiempo surgió el relato de que aquella perla había llegado hasta Inglaterra para incorporarse a las joyas utilizadas por la monarquía británica.
La tradición paceña sostiene que Isabel II deseaba conocer el origen de aquella gema y que ese interés fue uno de los motivos que la llevaron a visitar La Paz junto con el príncipe Felipe. La pareja real llegó a bordo del yate Britannia y fue recibida por autoridades y habitantes de Baja California Sur. La visita quedó inmortalizada en la placa que todavía recuerda aquel acontecimiento en el malecón.
Existe, sin embargo, una precisión necesaria: la documentación oficial de la Colección Real británica no identifica una perla sudcaliforniana entre las piezas más célebres de la Corona Imperial del Estado. Sí registra que esta contiene 269 perlas, pero no confirma la procedencia paceña de alguna de ellas. Por eso, el vínculo de The Great Lemon con la Corona debe entenderse como una poderosa tradición histórica de La Paz, más que como un dato plenamente documentado por la monarquía británica.
Una placa que guarda mucho más
Lo que me impactó no fue solamente la posibilidad de que una perla extraída del Mar de Cortés hubiera llegado hasta la realeza. Fue comprender cuánto puede esconderse detrás de una placa que cientos de personas quizá cruzan todos los días sin detenerse.
En aquel atardecer entendí que La Paz no solo posee un malecón hermoso, aguas serenas y paisajes capaces de reconciliarnos con la vida. También conserva historias en las que se encuentran los pescadores, la riqueza del mar, las leyendas locales y una de las figuras más reconocidas del siglo XX.
Seguí caminando con la sensación de haber encontrado otra clase de joya: una historia inesperada. Porque algunas ciudades revelan sus secretos en los museos y otras, como La Paz, los dejan frente al mar, esperando a que alguien se detenga a leerlos.
Cada camino deja una historia y cada paso una enseñanza. Hasta aquí mis Andares, soy David Dorantes recordándote que vivo para ser feliz.
