La visita de Jamieson Greer confirma que la revisión del T-MEC ya entró a fase seria. La buena noticia es que el tratado no cae en julio; la mala sería confundir esa continuidad con certeza automática.

Por David Dorantes

La discusión pública sobre el T-MEC suele llenarse de ruido, pero los datos cuentan otra historia: ni Washington ni Ciudad de México están actuando como si quisieran romper el acuerdo. Están negociando fuerte, sí, pero sobre una relación comercial que en 2025 movió 872.8 mil millones de dólares en bienes. Ésa es la dimensión real del tema.

La fecha clave no es el fin del tratado

El 1 de julio de 2026 no marca la muerte del T-MEC, sino su primera revisión obligatoria. Si los tres países ratifican su continuidad, el acuerdo se estira hasta 2042 y vuelve a revisarse en 2032. Si no lo hacen, no se acaba ese día: sigue hasta 2036, pero entra a revisiones anuales. Ésa es la diferencia entre certidumbre y pesadilla administrada.

La visita de Greer manda una señal de trabajo, no de ruptura

USTR informó que Greer se reunió con Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard para avanzar esta semana en discusiones técnicas sobre seguridad económica, reglas de origen, minerales críticos y pendientes bilaterales. Además, ambas partes pactaron que la primera ronda bilateral formal de negociación sea la semana del 25 de mayo en Ciudad de México.

Los datos de opinión pública en EE.UU. importan más de lo que parece

Entre votantes estadounidenses, México registra saldo neto positivo como “buen vecino” y mejora entre independientes; además, la preocupación por competencia laboral de migrantes mexicanos cayó frente a hace un año. Al mismo tiempo, 61% cree que los aranceles sobre bienes mexicanos encarecerían su costo de vida. Es decir: el clima político existe, pero no es un cheque en blanco para castigar comercialmente a México.

El gran tema que puede frenar la oportunidad

Mi punto editorial es éste: el riesgo mayor no es que el tratado desaparezca, sino que la inversión se quede esperando. La revisión del T-MEC ocurre bajo la sombra de dudas sobre certeza jurídica, seguridad y funcionamiento judicial. Desde Washington ya se volvió a advertir la importancia de jueces independientes y calificados para proteger a los inversionistas. México necesita llegar a esta negociación con argumentos comerciales, sí, pero también con confianza institucional.

Lo que México debe capitalizar

México tiene margen para jugar ofensivo: automotriz, acero, aluminio, agroindustria, manufactura avanzada y cadenas de suministro regionales. La consigna no debe ser sólo “resistir” a Trump, sino demostrar que América del Norte vale más integrada que fracturada. Hoy el negocio está en volver la revisión una plataforma para más competitividad regional, no en usarla como ring para consumo político.

Conclusión

Así que sí: el T-MEC sigue. No hay precipicio el 1 de julio. Pero no confundamos continuidad con tranquilidad. El escenario ideal es que la revisión abra la puerta a una extensión hasta 2042 y nos dé una estación de certidumbre rumbo a 2032. El escenario mediocre, en cambio, sería sobrevivir sin renovar del todo y pasar diez años atrapados en revisiones anuales, sospechas regulatorias y capital a la espera. México hoy tiene una ventana. Que la aproveche dependerá menos del discurso nacionalista y más de su capacidad para ofrecer confianza, competitividad y reglas claras. Ahí está la prueba de fuego. Y ahí, también, la oportunidad. Cierro recordándoles que todos los días se construye el éxito, y el error también. Soy David Dorantes, conferencista, coach, y consultor en comunicación, nos leemos en los siguientes Apuntes.

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