Por David Dorantes
Hay una cifra que podría convertirse en el titular: 59.2% de aprobación para Claudia Sheinbaum después de su mensaje por el Segundo Informe de Gobierno. Es una mayoría clara dentro de los 1,375 registros válidos analizados por POSTA powered by Métrica, levantados del 8 al 11 de septiembre de 2026 en las 32 entidades. Pero el dato más grande no siempre es el más importante. La historia comienza cuando abrimos ese 59.2% y preguntamos: ¿qué lo sostiene?, ¿dónde empieza a quebrarse?, ¿y qué tendría que comunicar mejor un gobierno cuando la aprobación general luce sólida, pero algunos de sus temas más sensibles ya muestran desgaste?
La aprobación de Claudia Sheinbaum es sólida, no uniforme
La primera lectura es favorable: 814 personas aprueban la gestión presidencial, 473 la desaprueban y 88 responden “No lo sé”. El saldo neto es de +24.8 puntos porcentuales: alrededor de 1.72 personas aprueban por cada una que desaprueba.
Pero una aprobación mayoritaria no significa satisfacción homogénea. La opinión pública puede respaldar a una presidenta y, al mismo tiempo, desaprobar políticas concretas de su administración.
Eso obliga a separar dos conversaciones: la evaluación de la figura presidencial y la evaluación del desempeño gubernamental.
Programas sociales sostienen; Seguridad y Salud erosionan
Entre quienes sí alcanzaron y respondieron cada pregunta, Programas sociales obtiene 64.1% de aprobación y un balance de +31.5 puntos; Economía, 56.6%; Obra pública, 53.9%; Educación, 52.4%; Salud, 51.7%; y Seguridad, 50.6%.
Los programas sociales son, con diferencia, el principal activo perceptual. Incluso entre quienes desaprueban globalmente a Sheinbaum, 19% sí aprueba sus programas sociales. Ninguna otra área consigue algo parecido.
La señal delicada está dentro de su propia base: entre quienes aprueban a la presidenta, 11.6% desaprueba Salud, 11.3% Seguridad y 10.8% Educación. Las primeras grietas no aparecen necesariamente en la oposición, sino entre ciudadanos que todavía respaldan a la presidenta, pero ya separan a la persona de los resultados.
Para mí, ése es el dato que cambia la conversación.
El problema también es de comunicación
En política, comunicar bien no significa maquillar un problema. Significa reconocerlo antes de que alguien más lo defina por ti.
Seguridad registra 43.4% de desaprobación entre quienes respondieron y Salud 44.4%. La narrativa oficial no debería responder a esos números con más propaganda, sino con evidencia, explicación y rendición de cuentas.
Si la ciudadanía percibe inseguridad o deficiencias en Salud, repetir logros generales puede profundizar la distancia. El ciudadano no discute el PowerPoint del gobierno: discute la patrulla que no llegó, la medicina que faltó o la cita que se postergó.
Ahí la comunicación tiene que bajar de la abstracción a la experiencia.
También debemos cuidar la lectura metodológica. El “No respondió” aumenta conforme avanza el cuestionario porque existe abandono acumulado; no puede interpretarse automáticamente como desconocimiento o rechazo. Además, la base no incluye ponderadores, diseño muestral ni margen de error, por lo que los resultados deben presentarse como descriptivos.
Hay señales territoriales, no sentencias
La aprobación supera a la desaprobación en 28 de las 32 entidades; Guanajuato y Querétaro son las únicas donde la desaprobación resulta ligeramente mayor. Pero varios estados tienen bases pequeñas, así que convertir porcentajes extremos en titulares sería metodológicamente irresponsable.
Lo mismo ocurre con el tipo de teléfono: en líneas fijas la aprobación alcanza 63.1%, frente a 54.5% en móviles. Es una diferencia de 8.6 puntos que merece investigación, no una conclusión apresurada. Puede estar reflejando edad, territorio o composición sociodemográfica.
Desde la comunicación, esto importa: una misma narrativa puede estar llegando de manera distinta a audiencias distintas.
La estrategia: escuchar antes de defender
Mi recomendación es concreta. En Éter, profundizar la medición: incorporar variables sociodemográficas, preferencia partidista, rotación controlada de preguntas y seguimiento de los rubros críticos. En Aire, construir vocerías específicas para Seguridad y Salud que expliquen avances y reconozcan pendientes sin triunfalismo. En Agua, segmentar contenidos por públicos y territorios, no repetir un mensaje nacional uniforme. Y en Tierra, escuchar directamente a ciudadanos, médicos, familias, empresarios y comunidades donde el desgaste sea mayor.
Una mayoría de aprobación es una fortaleza, pero no un cheque en blanco. La encuesta muestra que Sheinbaum conserva respaldo, mientras Seguridad y Salud revelan fisuras incluso entre quienes todavía la aprueban. Esa es la conversación que conviene abrir ahora, antes de que el desgaste se convierta en narrativa dominante. Porque gobernar también es comunicar, pero comunicar bien empieza por escuchar lo que los datos todavía dicen en voz baja.
Revisa el informe completo:
Informe_Ejecutivo_Encuesta_Presidenta_Sep2026



